viernes, 15 de marzo de 2013

Cuento



El príncipe y la bruja malvada

Érase una vez un príncipe al que le gustaba mucho ir a caminar por el bosque porque se sentía muy bien alrededor de la naturaleza y los animales. Cada día se encontraba con una ardilla muy simpática a la que iba a echarle unas pocas nueces. Una mañana que fue a visitarla al bosque, la encontró muy triste y asustada. El príncipe se dio cuenta que algo iba mal. De repente, el bosque se oscureció y apareció una bruja mala. El príncipe al verla se empezó a poner nervioso y la ardilla se escondió tras él muy asustada. La bruja se dirigió hacia donde estaba el príncipe y dijo:

-           Estas tierras pronto serán mías.
-          ¡Estas tierras son de mi padre, tú no puedes hacer nada!- Dijo el príncipe
-          Oh, sí que puedo, y tú no podrás impedírmelo. Me voy a casar con tu padre y él jamás se enterará de que soy una bruja.- Dijo la bruja malvada.
-           ¡No puedes hacer eso!- Dijo el príncipe

La bruja soltó una carcajada y desapareció de repente. El príncipe se empezó a preocupar al saber lo que pretendía la bruja malvada. Tenía que impedir que su padre se encontrara con ella y lo hechizara para casarse con él. El príncipe empezó a correr de camino al castillo y la ardilla fue tras él. Cuando llegó al castillo ordenó a todos los soldados que cerraran todas las puertas del castillo que diera con el exterior y que no permitieran entrar a nadie. Los soldados obedecieron un poco extrañados. El príncipe empezó a buscar a su padre para asegurarse de que estuviera bien:

-           ¡Papá! ¡Dónde estás! ¡Papá!
-            Hijo, estoy aquí.

Al escucharlo sintió alivio, seguía siendo él. La voz de su padre sonaba en la enfermería. El príncipe se dirigió hacia allí y vio a su padre mirando a una joven dama, que se encontraba tumbada en una camilla.

-           Los soldados la han encontrado desmallada en las afueras del castillo. Por lo visto, le han atacado unos lobos.- Dijo su padre.

El príncipe se acercó a ver a la mujer. Era una hermosa joven con el cabello rubio y rizado. Cuando abrió los ojos, había algo raro en ellos. El príncipe se dio cuenta que eran los mismos ojos de la bruja. ¡La bruja ya había entrado en el castillo y había comenzado con su malvado plan! 

-           ¡Papá echa a esta mujer del castillo ahora mismo! ¡Es una bruja!- Dijo el príncipe
-           Pero hijo, como puedes decir eso. ¿No has visto que es una pobre mujer herida?
-           ¡No!

El príncipe lleno de rabia y de dolor, salió corriendo del castillo y se sentó en una piedra dónde a veces va a pensar. La ardilla, que no se había separado de él en ningún momento, le hizo un gesto para que el príncipe la siguiera, se le había ocurrido una idea.

Se adentraron en el bosque y cogieron una dirección que el príncipe desconocía. Llegaron a una pequeña casita de color azul. La ardilla abrió la puerta y entró. En la casita había una fuerte luz y sonaba una música angelical. De repente, apareció una hermosa hada que dijo:

-           ¿Quién sois?
-          Yo soy El Príncipe y ella es mi amiga ardilla, que me ha dirigido hacia este lugar.- Dijo el príncipe.
-          ¿Y qué te preocupa, Príncipe?- Dijo el hada.
-           Que mi padre está a punto de casarse con una bruja malvada que pretende engañarlo para quedarse con el castillo y sus tierras.-Dijo el príncipe.
-           Entiendo- Dijo el hada- Toma estos polvos mágicos y dáselos a tu padre para anular cualquier hechizo que la bruja haga sobre él. Pero debes dárselos antes de 12 horas. Después de ese tiempo, los polvos no harán efecto sobre él.
-           Gracias- Dijo el príncipe y se dirigió hacia el castillo.

Cuando llegaron al castillo, el príncipe empezó a buscar a su padre por todos lados, en su dormitorio, en la sala de estar, en el jardín, en la torre, pero no lo encontraba. Preguntó a los soldados si lo habían visto salir y éstos les dijeron que no, todo el tiempo había estado en el castillo. 

Al fin, se dirigió hacia una cabaña que hay en el jardín que a su padre le gusta ir. Antes de entrar miró por la ventana y vio a su padre con la bruja. No sabía qué hacer, porque los polvos se los tenía que echar cuando estuviera él solo para que la bruja no lo impidiera. Entonces se le ocurrió una idea. Fue a buscar al ayudante de su padre, Alejandro,  para que le dijera que tenía que ir con él para hablar de un asunto, mientras él príncipe esperaba en el despacho de El Rey para echarle los polvos mágicos. Y así lo hizo. Tras esperar un poco, apareció su padre y el príncipe le echó los polvos mágicos.

-           ¿Qué haces hijo?- Dijo El Rey
-           Papá, esa mujer es una bruja que quiere engañarte para casarse contigo y quedarse con el castillo y las tierras
-           ¿En serio? Pero, ¿Por qué no me lo habías dicho antes? Alejandro, ordena a todos los soldados que saquen a esa mujer de aquí y no vuelva jamás- Dijo El Rey

Después de desaparecer la bruja del castillo, el príncipe sintió un gran alivio y le agradeció a la ardilla que le enseñara el camino hacia el hada y por haber estado con él en todo momento. Ahora, todo volvería a ser como antes.
                                                                              FIN

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